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El Apóstol Pablo, escribió a los hermanos
Hebreos, diciéndoles: “ACORDAOS DE LOS PRESOS, COMO SI ESTUVIERAIS
PRESOS JUNTAMENTE CON ELLOS, Y DE LOS MALTRATADOS, COMO QUE TAMBIÉN
VOSOTROS MISMOS ESTÁIS EN EL CUERPO”.
Pablo sabía por experiencia, cuanto sufren
los presos, PORQUE EL TAMBIÉN LO ESTUVO: En Jerusalem, en Cesárea, en
Filipo y en Roma.
Los creyentes que están presos, deberían
imitar lo que hacía Pablo:
Cantaba, oraba y le predicaba a los
carceleros, (convirtiéndose algunos al Señor), según Hechos 16:23-34.
José estuvo preso en Egipto, por
difamación, pero Dios estaba con él y lo sacó de la cárcel; para
honrarlo y colocarlo como Consejero del Rey Faraón.
Jesús estando preso, lo condenaron a
muerte; sin haber cometido ningún delito, pero DIOS lo resucitó de los
muertos y hoy está sentado a la diestra del Padre.
Mientras lo crucificaban, le acompañaban
dos malhechores:
Uno se burlaba del Señor y se perdió, pero
el otro lo censuró diciéndole: ¿Ni aún temes a Dios, estando en la misma
condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos porque
recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este ningún mal hizo, y
dijo a Jesús; “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. Entonces
Jesús le dijo: “De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el
paraíso”.
Esto nos demuestra que
Jesús oye y salva a cualquier preso, SI SE ARREPIENTE Y CLAMA A EL.
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