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Está escrito en la
Biblia: “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla, será
enaltecido”. Mateo 23:12.
Hubo un ángel
liadísimo, llamado Luzbel, que significa “bella luz”. Dios tenía a
Luzbel en el huerto de Edén, comandando la tercera para de los ángeles
del cielo, sin embargo, a causa de su hermosura, se reveló contra Dios.
Dice en Ezequiel
28:17-19: “Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste
tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante
de los reyes te pondré para que miren en ti. Con la multitud de tus
maldades y con la iniquidad de tus contradicciones profanaste tu
santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió,
y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te
miran. Todos los que te conocieron entre los pueblos se maravillarán
sobre ti, espanto serás, y para siempre dejarás de ser”.
Por dondequiera se
conocen los espantos, y esos espantos tuvieron su origen precisamente en
aquel ángel tan hermoso. El más hermoso de todos los ángeles, Luzbel se
reveló contra Dios y Dios lo convirtió en un espanto, porque el que se
humilla será enaltecido y el que se enaltece será humillado.
Hubo un rey
llamado Nabucodonosor, que ideó los jardines colgantes de babilonia y se
llenó de vanidad por esto y dijo: “No es esta la Babilonia que yo he
edificado…”; apenas estaba esta Palabra llena de vanidad y orgullo en su
boca, cuando Dios envió su sentencia sobre él, y lo puso a caminar en
cuatro patas, como un gorila, y comiendo paja como un buey durante 7
años, y al final se humilló y dijo: “Dios sabe humillar a os que andan
con soberbia”.
No es necesario
que Dios te tumbe sobre una cama, con un cáncer, por causa del
enaltecimiento. Es mejor mantenerse humilde delante del Señor.
Hubo otro rey en
Israel, llamado Herodes. Este se enalteció contra Dios, queriendo
tomarse la gloria. La Biblia dice que Dios no comparte su gloria con
hombre, ni con escultura. Herodes en uno de sus discursos, fue herido
por la mano de un ángel y murió comido de gusanos, por querer llevarse
la gloria, que le pertenece a Dios.
Conviene que nos humillemos delante de Dios; El dice en su Palabra que:
“Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes”.
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